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jueves, 4 de agosto de 2016

Conflicto III


TEORIA DEL CONFLICTO O CONFLICTO SOCIAL



I.       GENERALIDADES.-.- Para un simple lego, conflicto puede ser todo aquello que sea contrario a sus intereses o aspiraciones personales, los que pueden ser económicos, políticos, domésticos, morales u otros. Pero, cuando hablamos de una Teoría, podemos estar refiriéndonos a una hipótesis que se aplica a una ciencia o a un conocimiento especulativo. El DRAE[1] define al conflicto como: “Combate, lucha, pelea”, así como “Apuro, situación desgraciada y de difícil salida”. Para Cabanellas[2] es: “Lo más recio o incierto de la batalla, combate o contienda; oposición de intereses en que las partes no ceden”.

 En cuanto a la Teoría[3], el diccionario la define como: “Conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación; Hipótesis cuyas consecuencias se aplican a toda una ciencia o a parte muy importante de ella”. Cabanellas nos dice que es el “Conocimiento especulativo sobre una rama del saber o acerca de una actividad”.

Freund[4] define al conflicto como: “Un enfrentamiento, choque o desacuerdo intencional entre dos grupos o entes de la misma especie que manifiestan, uno respecto de los otros, una intención hostil, en general a propósito de un derecho y quienes, por mantener, afirmar o restablecer el derecho intentar quebrar la resistencia del otro, eventualmente recurriendo a la violencia”.

Coser[5] señala que el conflicto es: “Una lucha con respecto a valores y derechos sobre Estados, poderes y recursos escasos, lucha en la cual el propósito es neutralizar, dañar o eliminar a los rivales”, puede decirse entonces que el autor busca analizar las funciones del conflicto social no solamente desde el punto de vista disociador, sino también integrador (o desintegrador) de la sociedad.

Dahrendorf[6] señala que el conflicto es el motor de la historia, es lo que mantiene el desarrollo de la sociedad. Este conflicto, para ser socialmente relevante se manifiesta más allá de las relaciones individuales. Encuentra su ámbito de desarrollo entre los roles sociales, entre grupos sociales, entre sectores de la sociedad, entre sociedades y entre organizaciones supranacionales.

Al revisar la obra de Marx, Dahrendorf centra su preocupación en el estudio de las fuentes estructurales de los conflictos y, en contra de lo que afirmaba Marx, descubre que la fuente estructural primera de los mismos no se halla en la desigual distribución de la propiedad, sino en la desigual distribución del poder entre personas y entre grupos. A ello lo denomina “distribución dicotómica de la autoridad”. En esta dicotomía el conflicto es inevitable entre quienes pretenden mantener el orden (dominadores) y quienes desean subvertirlo (dominados), consecuentemente, la afirmación de que la autoridad es el elemento estructural, esencial de la organización social, permite al sociólogo alemán asegurar que ésta es la que provoca el conflicto persistente que, a su vez, reestructura la misma sociedad de la que surgen nuevos conflictos.

Para Bobbio[7] el conflicto es una forma de interacción entre individuos, grupos, organizaciones y colectividades que implica enfrentamientos por el acceso a recursos escasos y su distribución. Sostiene que, sin embargo, una vez admitido lo anterior, surgen de inmediato diferencias y divergencias respecto a la mayor parte de problemas vinculados al concepto de conflicto y su utilización.

Se ha expresado que el objetivo del conflicto es el control de los escasos recursos, los cuales se presentan bajo formas de poder, riqueza y prestigio; por lo tanto, según los tipos de conflictos se podrán establecer otros recursos o especificarlos mejor. Por ejemplo, en los casos de conflictos internacionales, un recurso importante es el territorio; en los casos de conflictos políticos un recurso codiciado es el control de los cargos en competencia; y en el caso de conflictos industriales, los recursos en juego son las relaciones de autoridad y de mando.

Los conflictos son de diversos tipos y pueden situarse en diversos niveles, situación que aconseja a no centrar la atención en algunos tipos de conflictos, olvidando los conflictos étnicos, internacionales políticos, etc. Algunos tratadistas revelan que los conflictos pueden distinguirse entre sí por algunas características objetivas, entre las que sugieren a:

    Dimensión.- Cuando el indicador utilizado está constituido por el número de participantes, ya sea de manera absoluta o relativamente a la representación de participantes potenciales.
    Intensidad.- Puede medirse por el grado de compromiso de los participantes, según su disposición a mantenerse firme a ultranza o a entrar en tratos en cuanto sea posible.
    Objetivos.- No es fácil distinguir los conflictos sobre la base de sus objetivos si no se cuenta con una verdadera y propia teoría que, según se sabe, no existe. Lo que se puede hacer es comprender y analizar los conflictos de los objetivos sólo gracias a una profundización en el conocimiento de la sociedad concreta en la que surgen y se manifiestan los diversos conflictos.

Sobre la prevención de conflictos armados o violentos en América Latina y el Caribe, Serbin y Ugarte[8] nos indican que la prevención de conflictos es un concepto en proceso de desarrollo que apunta a generar una serie de recomendaciones innovadoras en el ámbito de las políticas las que, a su vez, buscan promover un cambio actitudinal entre sus usuarios. Agregan que, en nuestra región, tanto el concepto de prevención de conflictos como las definiciones de conflicto armado o violento, son en realidad nociones novedosas que recién han comenzado a tener arraigo en la formulación e implementación de estrategias de organismos estatales e interestatales y organizaciones no-estatales.

Añaden que la finalización del conflicto Este-Oeste, dio oportunidad a la ONU para su creciente involucramiento en la prevención y resolución de conflictos armados o violentos en un ámbito no restringido a los conflictos entre Estados. El genocidio acaecido en Rwanda en 1995 (África), en donde fueron exterminados entre 500 y 800 mil seres humanos, puso ante la conciencia moral de la humanidad y ante la ONU la necesidad de profundizar la capacidad de impulsar acciones orientadas a  prevenir el conflicto armado o violento, por formar parte esencial de su misión, conforme lo señala su Carta, cuyo  artículo 1° enuncia:

“Mantener la paz y seguridad internacionales, y con tal fin, tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir al quebrantamiento de la paz”.

La experiencia de gran parte del siglo XX, indujo a pensar que los conflictos armados eran básicamente guerras entre Estados, considerándose que la primera y segunda Guerra Mundial, así como la Guerra Fría, fue una confrontación por intereses, hegemonía o ideología entre estados soberanos. Sin embargo, el devenir ha mostrado que los conflictos armados y violentos también pueden involucrar a diversos actores no estatales. América Latina, pese a su perfil pacífico, comparado con otras regiones del mundo, no ha escapado a ese fenómeno y a sus eventuales consecuencias humanitarias, en términos de pérdidas de vidas civiles y de bienes materiales.

El Estudio realizado por la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales – CRIES[9] en el año 2003, muestra que la tendencia a los conflictos armados entre Estados tiende a decrecer, en tanto que la tendencia a que surjan conflictos violentos por razones internas (políticas, sociales o étnicas) o por procesos transnacionales (migración, transnacionalización de redes criminales, derrames de conflictos domésticos) apunta a incrementarse.

Frente a ello, la CRIES se pregunta si la ciudadanía organizada y las redes de la llamada sociedad civil pueden desempeñar algún papel importante para prevenirlos, diluirlos o resolverlos, en el marco de la consolidación institucional por la que atraviesan la mayoría de las democracias latinoamericanas y caribeñas.

La prevención del conflicto armado o violento se ha constituido en una creciente preocupación de la comunidad internacional que ha dado lugar a una serie de iniciativas y acciones de la Secretaría General de la ONU, organizaciones regionales, Estados y organismos internacionales y redes y organizaciones de la sociedad civil.

Dentro de esas iniciativas está la Declaración y Programa de Acción para una Cultura de Paz, aprobada por la Asamblea General de la ONU el 6 de octubre de 1999, que estimula a los Estados miembros a promover acciones en función de una Cultura de Paz y a involucrar a la sociedad civil en las mismas.

También tenemos la Declaración del Milenio, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 8 de setiembre del 2000, que establece la necesidad de convertir a las Naciones Unidas en un instrumento más eficaz en el mantenimiento de la paz y la seguridad, asignándole recursos y herramientas para la prevención de conflictos, la resolución pacífica de disputas, la preservación y construcción de la paz y la reconstrucción post-conflicto.

    II.      ANTECEDENTES.- A decir de Aguirre[10] muchos de los primeros conflictos violentos de los que se tiene noticia en la historia de la humanidad, han sido por los motivos que hoy se conocen como económicos: posesión de recursos (tierras, ganados, agua) apropiación de bienes y personas (esclavos, mujeres) y satisfacción de otras necesidades de subsistencia de las sociedades. Las guerras comerciales y coloniales, que a fines del siglo XIX llegaron a abarcar todo el planeta, son la genuina expresión de máximo nivel de violencia al que se llegó por motivos económicos.

Algunos siglos antes, esa violencia era ya perceptible en los conflictos originados sobre las rutas comerciales que unían a Europa con el oriente asiático e incluso las guerras púnicas, que afectaron a España. Estos conflictos fueron una clara expresión del antagonismo comercial que enfrentó a Roma con Cartago.

Los conflictos étnicos son también tan antiguos como la humanidad. En esos tiempos era frecuente que unos grupos sometieran a otros a la esclavitud, para utilizar su fuerza de trabajo o incluso para combatir a su servicio. En la actualidad este tipo de conflicto se extiende sobre todo el mundo y se expresa en el rechazo de unos pueblos a ser dominados por otros que consideran ajenos a su identidad.

Cedeño[11] nos refiere que en la doctrina cristiana hay un antecedente remoto que podría ser el primer conflicto: “En el principio de la creación Dios hizo a los ángeles y arcángeles, llenos de belleza y perfección espiritual, entre ellos, el más bello -como su nombre lo indica- fue Luzbel (Luz bella o lucero del amanecer). Este se envaneció de su belleza y perfección y se creyó superior a los demás y con igual perfección que su creador, rebelándose contra Él y pretendiendo disputar la supremacía espiritual. Dios encomendó, entonces al Arcángel San Miguel para que luchase con este rebelde en nombre de Él concediéndole todos Sus poderes. Y hubo un combate en los cielos en el cual salió victorioso el Arcángel San Miguel, desterrando a los “infiernos eternos” al Arcángel caído Luzbel que más tarde fue conocido como Satanás (adversario) o el Diablo (ser malo)”.Este “conflicto de la igualdad de los derechos” es a no dudarlo, el que más problemas sociales ha causado en la historia de la humanidad. 

Otro antecedente antiguo es aquel que supuestamente aconteció en el llamado paraíso terrenal a breves estadas de la creación, cuando la serpiente tentó a los primeros humanos, Adán y Eva, a que comieran la fruta del “árbol prohibido”. Cedeño nos advierte que el problema trascendental no radica en el análisis del rol de la serpiente, sino en el dilema de obedecer o desobedecer el mandato de la prohibición puesta en boca de Dios. La obediencia inevitablemente nos hubiera sentenciado a la ignorancia, mientras que la desobediencia nos condujo al conocimiento de la diversidad de la creación.

Un relato de un primer estallido social, que ahora es leyenda, sucedió en Roma en el año 494 AC. Se reseña que un Cónsul se encontraba reclutando hombres para luchar contra los Volscos, cuando un fornido hombre se sube a una tarima y relata sobre su vida dedicada a Roma por más de 30 batallas que, al volver de la guerra, sus propiedades habían sido arrebatadas, por lo que terminaba abandonado y como esclavo. La población que escuchaba sintió un gran rencor por lo sucedido y, tras varias revueltas y levantamientos decide hacer una seccesio (una especie de retiro pacífico) y refugiarse en una colina cercana a la ciudad de Roma.

Se cree que la historia no sea cierta, pero se afirma que por esas fechas ocurrió un estallido social que llevó a Roma a una gran crisis y levantamiento social. Lo más probable es que el estallido se diera a manera de una huelga social masiva que obligó a los Patricios a negociar, para lo cual enviaron a Menenio Agripa, embajador de mucho carisma, quien no tuvo éxitos. Frente a ello, el Senado toma la decisión de cancelar las deudas contraídas por los plebeyos y libera a los esclavos, concediéndose a la plebe el derecho de elegir a sus propios magistrados: Los Tribunos de la Plebe, cuya misión sería la de proteger a los plebeyos y velar por sus derechos.

En el Perú, la historia recoge el caso de Juan Santos Atahualpa[12] Apu Inca, quien frente a los abusos de los españoles, provocó diversas rebeliones que los tuvo en jaque durante 10 años (1741 -1751), y si bien no se logró nada, se cree que esas rebeliones despertaron la conciencia y la esperanza de los sometidos. Ese puede ser el caso de José Gabriel Túpac Amaru Condorkanki[13] y su esposa doña Micaela Bastidas Puyucahua, cuya historia reseña que legalmente intento suprimir la mita, no lográndolo.

Ese hecho propició su rebelión y en noviembre de 1780, en la ciudad de Tungasuca, ejecutó en la horca al corregidor Arriaga, implacable colonialista, enemigo de Túpac Amaru y opresor de los indios. Luego, en Sangarara tuvo su primera batalla, de donde salió victorioso. A inicios del año 1781, atacó el Cuzco, pero no pudo vencer después de ocho días de combate, y para evitar más muerte de sus partidarios, opta por retirarse a su cacicazgo en Tinta, esperando una mejor ocasión.

El 6 de abril de 1781, en el pueblo de Langui, Túpac Amaru fue capturado por Francisco Santa Cruz, un mestizo traidor. En la plaza mayor del Cuzco, el 18 de mayo, se le obligó a presenciar la muerte de toda su familia. Él fue atado de pies y manos a cuatro caballos para ser descuartizado, y ante su imposibilidad, fue decapitado. Sus cuerpos fueron descuartizados y sus miembros enviados a distintos lugares para escarmiento de los sublevados.

III.   TEORIA DEL CONFLICTO.- En épocas más recientes (1950), surgen una serie de estudios y teorías centrados en el conflicto social, como fenómeno genérico. Para los especialistas, la Teoría del Conflicto está referida a una serie de estudios e investigaciones diversas, no sistematizadas. Esta corriente se inicia con la publicación en 1954 de “The Functions of Social Conflict” del norteamericano Lewis Coser, quien es generalmente considerado como el iniciador moderno del estudio del conflicto. A partir de esa fecha, se publican algunas obras y estudios concernientes a los conflictos:

    1956: Max Gluckman, “Custom and conflict in Africa”.
    1959: Ralf Dahrendorf, “Class and class conflict in industrial society”.
    1960: Thomas Schelling, “Strategy of Conflict”.
    1962: Kenneth Boulding, “Conflict and Defense: a general theory”.
    1975: Randall Collins, “Conflict Sociology: towards an explanatory science”.
    1975: Louis Kriesberg, “Sociología de los conflictos sociales”.
    1983: Julien Freund, “Sociologie du Conflit”.

Antes de la aparición de la Teoría, el conflicto era visto básicamente como una patología social, o como el síntoma de una patología social. La sociedad perfecta era vista como una sociedad sin conflictos y todas las utopías sociales sostenían la necesidad de constituir un modelo de sociedad sin conflictos, de pura cooperación. Con la Teoría del Conflicto se reevalúa la connotación negativa tradicional y se postula el conflicto social como un mecanismo de innovación y cambio social

Álvaro[14] opina que cuando los sociólogos han querido delimitar este tipo de fenómenos sociales con respecto a otros, no siempre han recurrido a la palabra conflicto, aunque luego se impuso como tecnicismo sociológico. Max Weber utilizó la palabra alemana Streit que sus traductores han determinado como “lucha” en la siguiente definición:

“Debe entenderse que una relación social es de lucha cuando la acción se orienta por el propósito de imponer la propia voluntad contra la resistencia de la otra u otras partes. Se denominan pacíficos aquellos medios de lucha en los que no hay una violencia física efectiva. La lucha pacífica llamase competencia cuando trata de la adquisición formalmente pacífica de un poder de disposición propio sobre probabilidades deseadas también por otros”

Algunos sociólogos han pretendido estudiar los conflictos en general, como forma de interacción social, con independencia de su contenido, habiendo sido el más importante Georg Simmel[15], para quien el objeto de la sociología es el estudio de las formas según las cuales se asocian los hombres que, para él, son las mismas aunque varíen las actividades o los contenidos.

Simmel formuló las siguientes proposiciones como válidas para todos los conflictos:

    El conflicto es una forma esencial y universal de sociedad, complementaria de la integración o la armonía. Las sociedades requieren una cierta proporción de atracción y repulsión, de armonía y desarmonía, de cooperación y de competencia. Un grupo completamente armonioso no sólo sería imposible desde el punto de vista empírico, sino que carecería de vida y estructura.
    Podemos clasificar los grupos por el grado de conflicto en ellos. Hay relaciones que son puros conflictos, en la que se carece por completo de cualquier  factor de unidad.
    El tercer miembro de una triada puede adoptar tres funciones posibles cuando los otros dos entran en conflicto: mediador, tertium gaudens y divide et  impera.
    Los conflictos por causas impersonales son más agudos que los conflictos por intereses personales, pues quien está dispuesto a sacrificar sus intereses por un ideal se encuentra justificado para sacrificar cualquier otra cosa.
    El conflicto modifica la estructura de los  grupos que participan en él, provocando en muchas ocasiones, una mayor unidad y cohesión y favoreciendo la centralización de los medios y el poder del gobierno
    Los conflictos suelen terminar de tres formas principales: victoria, compromiso y conciliación. Los dos primeros son objetivos, la conciliación, subjetiva.

Coser, continuando con la obra de Simmel, puso de relieve la importancia del conflicto para el funcionamiento de las sociedades. A diferencia de Simmel, quien veía la vida social como una dialéctica de conflictos, Coser se esfuerza por distinguir y subrayar las consecuencias positivas –funciones- del conflicto para la vida de los grupos.

Mientras Simmel había hablado del conflicto por el conflicto, Coser prolonga su reflexión distinguiendo entre conflictos auténticos y conflictos inauténticos. Los conflictos que se plantean como único objeto la descarga agresiva, cuyo ejemplo extremo es el juego, no deben considerarse auténticos conflictos. Estos tienen objetos externos a ellos, son conflictos por el poder, la riqueza, el estatus, etc., y se caracterizan porque se les puede encontrar alternativas funcionales en los medios, esto es, porque hay procedimientos distintos del conflicto para lograr los mismos fines.

En donde coinciden en que las luchas por causas nobles (ciencia, patria, religión) suelen ser más agudas y enconadas que las luchas por simples intereses personales. Coser también profundiza y prolonga los análisis de Simmel en sus estudios de las funciones sociales de la violencia, siendo una la de servir de señal de peligro a los ciudadanos y a los gobiernos.

De acuerdo a la dinámica de los conflictos[16] se observa que existen muchos rasgos comunes entre los teóricos formales del conflicto, entre los que se puede señalar que los orígenes de los conflictos son variados, distinguiendo tres tipos principales:

    Los conflictos de escasez, que surgen porque los actores (individuos o grupos) se disputan la posesión o uso de un valor escaso o compartido.
    Los conflictos por desacuerdo, en lo que los actores (que suelen pertenecer a un mismo grupo) disputan acerca de la manera de hacer las cosas, es decir, acerca de cómo y para qué usar los medios del grupo.
    Los conflictos por injusticia, en los que una de las partes piensa que la otra le debe algo que es suyo.

Zipper[17] anota que Coser en su obra “Las funciones del conflicto social”, comienza analizando a varios sociólogos contemporáneos señalando que su preocupación se ha orientado fundamentalmente a probar su negatividad, siendo por tanto una visión reduccionista. En esa obra y en “Nuevos aportes a la Teoría del Conflicto Social” dedica su atención a elaborar acerca de las funciones positivas del conflicto para la sociedad. Reconoce la existencia de un impulso de hostilidad primaria de los hombres entre sí, pero ese sólo sentimiento es incapaz de explicar por sí el conflicto social.

Sostiene que el conflicto social pertenece a la dimensión sociológica antes que a la psicológica y que por lo tanto es un fenómeno objetivo: “Las actitudes hostiles son predisposiciones a desplegar formas conflictivas de una conducta; por el contrario, el conflicto es siempre una transacción”.

Como se sabe, el origen de la sociología de los conflictos se busca en la opinión de Marx y Engels expresada en el Manifiesto Comunista: “La historia de toda sociedad es la historia de la lucha de clases”. Ambos estudian un tipo de conflicto social: el producido por la lucha de clases debido a la desigualdad en la propiedad de los medios de producción. En general, en la sociología de los conflictos se acepta la explicación marxista, al menos en lo referente a sociedades en fases iniciales de industrialización.

En la sociedad neocapitalista aparecen nuevos elementos sociales, nuevas formas de ocupación, los tecnócratas, el movimiento estudiantil, el feminismo, la ecología, los sindicatos, etc., que hace necesario la reformulación del concepto de clase social, lucha de clases, revolución, evolución de la sociedad industrial, etc., desde las nuevas situaciones sociales.

Uno de los sociólogos que se encargó de reformular la Teoría de los Conflictos Sociales fue Dahrendorf[18], quien elaboró un modelo teórico que explica la formación de grupos de conflicto y su acción social para la integración mediante los necesarios cambios de estructura en la sociedad. Difiere con Marx en que los conflictos sociales no siempre son producto de un conflicto de clases y que no todo conflicto desemboca en una revolución social.

Acota que Marx olvida las formas de evolución social con transformaciones constantes del propio sistema que le permiten perpetuarse y evitar la revolución, siendo el caso más frecuente de solución a un conflicto social el que la clase dominante adopta las nuevas ideas y se auto transforma de manera adecuada para desactivar los posibles factores de una revolución.

En cuanto a la propiedad de los medios de producción, que son considerados por Marx como el origen de las clases sociales y de los conflictos de clase, por lo que se plantea la desaparición del principio de propiedad para tener una la sociedad sin clases, Dahrendorf señala que la evolución del capitalismo ha mostrado que la propiedad de los medios de producción y clase social pueden ir disociados y que lo que determina el conflicto de clases no es la propiedad sino el control de los medios de producción en manos de tecnócratas y burócratas sin propiedad alguna.

Como se constata, el paradigma del conflicto social de Dahrendorf ha contribuido al desarrollo y reformulación de conceptos claves, tales como clase social y poder, pero aquello no ha sido suficiente para lograr un mundo de armonía y paz espiritual para los hombres, razón por la cual se hace necesario continuar esbozando nuevas formas que nos permitan ir superando los nuevos conflictos que devienen de la propia sociedad humana.

(*)    SANTIAGO GRAU LEON, abogado, con estudios de Doctorado en Derecho y Maestría en Gestión Municipal y Desarrollo Local. Asesor empresarial y Consultor en Gestión Municipal. Actual Asesor Legal de la Subgerencia de Medio Ambiente de la Municipalidad Metropolitana de Lima.             

[1]     Diccionario de la Lengua Española, (2001) Real Academia Española, Vigésima Segunda Edición, Tomo III, España, pág. 420.

[2]     Cabanellas, Guillermo (1996) Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, Tomo II, Editorial Heliasta SRL, Buenos Aires, Argentina, pág. 285.

[3]     Ob. cit. Tomo X, pág. 1465.

[4]     Freund, Julien (1983) Sociología del Conflicto, Presses Universitaires de France, pág. 65.

[5]     Coser, Lewis (1913-2003), sociólogo norteamericano, autor del libro “The functions of Social Conflict”, publicado en 1956.

[6]     De Lucas, Fernando (1999) Lecciones de Sociología General, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces SA, Madrid, pág. 37-39.

[7]     Bobbio, Norberto; Matteuci, Nicola y Pasquino, Gianfranco (2001) Diccionario de Política, Volumen 1, Edición 13, Siglo Veintiuno Editores, pág. 298-304.

[8]     Serbin, Andrés y Ugarte José Manuel (2007) Paz, conflicto y sociedad civil en América Latina y el Caribe, Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, Icaria Editorial,  Argentina, pág.13-48.

[9]     Ob. cit. pág. 25-26.

[10]    Aguirre, Mariano (1995) Raíces de los Conflictos Armados, Anuario CIP 1996, Centro de Investigación para la Paz / Fundación Hogar del Empleado, Icaria Editorial SA, Barcelona, pág. 33-35.

[11]    Cedeño Araujo, Claudio (1936-2011), místico y filósofo peruano, creador de la Doctrina Septriónica que se caracteriza por sus teorías futuristas en los aspectos científicos y por su total anulación del adoctrinamiento y del dogmatismo. En Interrogantes al Brahamanismo: Existe realmente el Diablo? (1974), Lima, pág. 111-131.

[12]    Oliva de Coll, Josefina (1991) La Resistencia Indígena ante la Conquista, Siglo Veintiuno Editores,  México, pág. 223-231.

[13]    Señor del cacicazgo de Tinta, con Surinama, Tangasuca y Pampamarca, por herencia directa como descendiente del último inca legítimo Túpac Amaru I, muerto en Cuzco, en 1572.

[14]    Álvaro Estramiana, José Luís (2003) Fundamentos sociales del Comportamiento Humano, Editorial UOC, Primera Edición, Barcelona, pág. 245-250.

[15]    Sociólogo, psicólogo y filósofo alemán (1858-1918). Sus obras más destacadas son: Diferenciación Social (1890), Problemas de la filosofía de la historia (1892), Introducción a la Ética (1893), Filosofía del dinero (1900), Sociología (1908) y Cuestiones fundamentales de Sociología (1917).

[16]    Ob. cit. Álvaro Estramiana, pág. 278-279.

[17]    Zipper, Ricardo Israel (1999) Manuales Ciencia Política, Vicerectoría de Asuntos Académicos, Universidad de Chile,  Editorial Universitaria SA, pág. 77-80.

[18]    Dahrendorf, Ralf (1929-2009) sociólogo, filósofo, politólogo y político germano-británico. Autor de “Las Clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial; El Conflicto Social Moderno; El Nuevo Liberalismo; Sociedad y Sociología”, entre otras obras. 

Posted on 18 agosto, 2011  

Conflicto II


Teoría de los intereses


- Introducción.[1]

Habermas[2]en su análisis acerca de los intereses constitutivos considera que el conocimiento se origina en los intereses humanos y en los medios de organización social. Describe asimismo, los intereses humanos en términos del control[3]técnico y la emancipación relacionada con los medios sociales de trabajo. La asociación respectiva de los intereses humanos y los medios sociales origina un tipo específico de conocimiento y un medio específico de conocer, o metodología científica.

El autor se manifiesta desde una posición en que el conocimiento tiene raíces históricas y sociales, y está sujeto a los intereses. Para explicar la relación entre el conocimiento y actividad humana, desarrolló la teoría de los intereses constitutivos de conocimiento. Debido a que el conocimiento tiene su génesis en las estructuras[4]sociales pasadas y existentes, sólo puede comprenderse en relación con los problemas que la humanidad ha encontrado y sigue encontrando en la superviviencia.

En este orden de ideas plantea Habermas que los intereses constitutivos del conocimiento pueden definirse exclusivamente en función de los problemas de la preservación de la vida, constituidos objetivamente y que han sido resueltos por la forma de existencia cultural como tal. Asimismo contempla los intereses constitutivos de conocimiento como los medios a través de los cuales organizamos la experiencia diaria, en efecto, "nuestros" intereses organizan "nuestra" percepción y conocimiento de la realidad en forma estructurada. Cada uno de nuestros intereses cognoscitivos discretos sobre el control de la naturaleza, la armonía social y el crecimiento del individuo responde a un problema diferente en la experiencia humana.

En la conceptualización de Habermas se establece que los distintos intereses humanos exigen formas de conocimiento diferentes que requieren de metodologías científicas distintas (procesos del saber) basados en formas de racionalidad diferente pero internamente coherentes. Para Habermas la racionalidad tiene menos que ver con la posesión de conocimiento, que con la forma en que los sujetos que hablan y actúan adquieren y utilizan el conocimiento. Cada método científico es un proceso racional y válido para conocer dentro de su dominio el conocimiento. La idea esencial es la inconveniencia de someter todas las formas de saber humano a una sola forma de metodología o racionalidad. En particular Habermas critica la aplicación de la orientación tecnológica de las ciencias naturales (positivismo); o la aplicación de la orientación subjetiva hermenéutica (fenomenología) como criterios exclusivos para determinar la validez de todas las formas de conocimiento. Situación esta que ha ocupado gran parte del panorama investigativo de nuestras universidades.

Por su parte Carr y Kemmis[5]consideran la interpretación que hace Habermas de los intereses, el conocimiento y la ciencia, como un intento de identificar la importancia y los límites de las explicaciones empíricas y causal hermenéutico-interpretativa sobre la base de la descripción que hace Habermas de la ciencia social crítica dirigida a trascender los límites del saber inherentes a las ciencias naturales e interpretativas. Estos autores proyectan una ciencia de la educación crítica.

Es así como Habermas a su vez, plantea una alternativa interesante en el contexto de los intereses constitutivos como lo son los intereses técnicos de la gente, que se reflejan en la necesidad de controlar y de manipular el ambiente externo para satisfacer sus necesidades de abrigo, alimento, etc. Estos intereses, expresados a través del medio de trabajo se concentran en la producción material necesaria para nuestra existencia. La racionalidad que integra los intereses técnicos, el trabajo y la ciencia empírico-analítica es una racionalidad instrumental referida a la manipulación y el control del ambiente; la predicción de eventos físicos y sociales observables; la realidad basada en el conocimiento empírico y gobernada por reglas técnicas; y los criterios de control efectivo de la realidad.

Desde esta perspectiva, las acciones racionales son intervenciones orientadas en función de los objetivos y controladas por retroalimentación en un mundo supuestamente objetivo. Habermas hace la crítica de que la racionalidad instrumental inherente a este tipo de interés constitutivo de conocimiento, ha llegado a ser una ideología extendida. Es ideología cuando se aplica la realidad instrumental sin comprobación válida como criterio para todas las formas y dominios del conocimiento. El resultado final es la reducción de los asuntos morales y estéticos, educativos y políticos a problemas técnicos: el por qué y el qué se reducen al cómo.

- Teoría y aplicación.

Las ciencias empírico-analíticas o naturales, son las metodologías científicas que producen, en una forma técnica, el conocimiento útil. El énfasis en la predicción y el control de los procesos objetivos se relacionan directamente con los intereses técnicos. La base filosófica de esta forma de conocimiento es el positivismo[6]En esta corriente se afirma que sólo puede establecerse el conocimiento válido en referencia a la realidad externa, experimentada por los sentidos. Este enfoque se basa en la presunción ontológica del mundo objetivo, como la suma total de lo que es, el caso, y clarifica las condiciones de la conducta racional en esta base. Las ciencias empírico-analíticas se basan en ideales de explicación, predicción y control. En este enfoque la acción individual no es resultado de una conciencia reflexiva subjetiva., en vez de ello, la acción individual siempre se observa como algo gobernado por las leyes funcionales invariables que operan fuera del control personal de los actores individuales (Carr, y Kemmis 1986).

El objetivo del conocimiento es la emancipación: la toma de control de las propias vidas, personal y colectivamente. La ciencia social crítica, siguiendo a Habermas, se orienta hacia la libertad y autonomía racional, operando en los contextos concretos: ha de desvelar las limitaciones estructurales y ayudar a actuar para superarlas. No diseña una alternativa cerrada, sino que, a partir de la crítica de lo existente y de los deseos utópicos, muestra escenarios distintos, pero considerando que la tarea fundamental es la eliminación de barreras que constriñen la libertad, que impiden la libre decisión. El conocimiento no sólo no es ajeno al interés humano, sino que el tipo de saber está profundamente ligado al interés al que sirve. Según la categorización de la escuela de Frankfurt (refinada por Habermas) sobre tipos de interés, conocimiento y ciencia, al interés emancipatorio le corresponde un saber emancipatorio (la reflexión) y una ciencia crítica. El saber emancipatorio no niega los otros saberes, sino que los incluye dentro de su perspectiva reflexiva: podríamos decir que tiene en cuenta los datos empíricos y las interpretaciones dentro de su reflexión, no se queda limitada por ellas en la acción humana. Además, según Habermas, "en la autorreflexión, o reflexión sobre la reflexión, coinciden interés y conocimiento, y es en ese ámbito donde se configura la razón emancipatoria" (San Baldomero, 1998). Freire, por su parte, más ligado al interés emancipatorio directo, señala acertadamente que "la cuestión está en cómo transformar las dificultades en posibilidades" (Freire, 1997). Se diferencia así el enfoque crítico del escepticismo postmoderno: el Centro de Investigación Social y Educativa de la Universidad de Barcelona (CREA) afirma que la "teoría social desarrollada por CREA se destaca por su orientación crítica, no tan sólo por denunciar aquellos aspectos negativos o excluyentes de la sociedad sino también por buscar y proponer acciones transformadoras que los superen" (Casamitjana, 2000), diferenciándose así de Foucault o Derrida, que nunca dicen lo que proponen.

- Conclusiones.

En relación al trabajo que estamos realizando esta teoría tiene un interés general en los siguientes sentidos:

1. Los saberes que interesan no son aquellos que resultan importantes por sí mismos, sino en función de la satisfacción igualitaria de las necesidades humanas más auténticas. Tuste Aguilar y Carmen G. Landa señalan "la importancia de discernir cuáles son las genuinas necesidades humanas (...) [considerándose adecuada] la construcción, utilización y comunicación de saberes indisolublemente asociados con la identificación y satisfacción sinérgica de las necesidades de todos los seres humanos y del planeta en su conjunto y no de conceptos, representaciones y procedimientos que benefician a unos pocos a costa de la mayoría". (Aguilar y Landa, 2003)

2.      Han de ponerse de manifiesto las estructuras profundas de los fenómenos sociales, con especial hincapié en las que suponen dominación e injusticia, en relación con las posibilidades de cambio. No se puede caer en la ingenuidad ni en la parálisis. El estudio de las estructuras es necesario para ver la raíces de la realidad y actuar en consecuencia.

3.      Ha de articularse lo universal y lo particular, lo planetario y lo local. Lo planetario ha de ser un referente, tanto en los objetivos como en el análisis, pero ha de ponerse en relación con lo más cercano a los actores sociales implicados.

4.      Ha de generarse un conocimiento holístico y vital, racional pero no racionalista. Amparo Moreno afirma, en el libro con el significativo título de "Pensar la historia a ras de piel": "la reflexión vital/transdisciplinar que propongo ha de atender a la génesis histórica de nuestra vida social en su globalidad compleja, para poder superar la fragmentación ahistórica que el pensamiento lógico-científico opera sobre nuestro vivir".

    Teoría del conflicto

- Introducción.[7]

- Una visión socio-filosófica.

Martindale, autor de "La teoría sociológica", defiende que, mientras la Sociología general se ocupa de las causas, de por sí inmodificables, la teoría se sitúa en el nivel de las conclusiones lógicas. Por eso la teoría sociológica viene a ser un modelo de sociedad, de institución, etc., coherente. Aquí lo que importa no son las causas sino las correlaciones coherentes. No obstante, suele existir cierta confusión entre teoría sociológica y Sociología sistemática. Aquélla supone ésta. Su conceptuación, según queda indicado, depende, como en la teoría de cualquier ciencia, del método seguido, ya que la finalidad de éste es obtener generalizaciones integrables sistemáticamente en una teoría explicativa, al modo como se procede en las ciencias naturales. La teoría constituye a la vez un modelo para actuar. Precisamente las ciencias humanas, junto con la ciencia sistemática general, sienten la necesidad de construir modelos. En las ciencias naturales el modelo o teoría y el sistema general de la ciencia prácticamente se identifican. Aquí, hay que construir modelos operativos que tomen en cuenta la peculiaridad del material sobre el que se actúe. El intento de Parsons[8]ha sido hasta ahora el más considerable, pero su teoría sistemática adolece de los defectos intrínsecos al funcionalismo. M. Gingsberg, sin distinguir bien entre teoría y Sociología general, señala en todo caso seis tipos de generalizaciones, cuya obtención legítima debe constituir la finalidad de cualquier formulación teórica. Son los siguientes: a) correlaciones empíricas entre fenómenos sociales concretos (p. ej., vida urbana e índice de natalidad); b) generalizaciones sobre las condiciones en que surgen las instituciones u otras formaciones sociales (p. ej., los diversos análisis de los orígenes del capitalismo); c) generalizaciones que afirman que los cambios producidos en las instituciones concretas están regularmente vinculados a cambios en otras instituciones (como la asociación entre los cambios en la estructura de clases y otros cambios sociales, en la teoría de Marx); d) generalizaciones que afirman la reaparición rítmica de fases de diversos tipos (así, los intentos de distinguir «etapas» en el desarrollo económico, de K. Bücher, G. Schmoller,[9] etc.); e) aquellas que describen como un todo las principales tendencias en la evolución de la humanidad (p. ej., la ley de Comte de los tres estadios, etc.); y f) las leyes que establecen las implicaciones de determinados supuestos sobre el comportamiento humano (p. ej., algunas leyes de la teoría económica).

En la historia de la filosofía ha habido un largo debate entre la concepción funcionalista que pone de relieve la importancia del consenso, y la concepción contraria que concede mayor importancia al conflicto y a la coerción.

La opinión de que la sociedad humana posee un orden gracias al consenso es muy antigua y está muy arraigada. Podemos encontrarla ya en Platón; fue expresada también en la idea de la «voluntad general» de Rousseau y del «imperativo moral» de Kant. Entre los primeros sociólogos el principal exponente de esta opinión es Durkheim, quien percibió claramente que los sentimientos comunes eran los que hacían que los hombres viviesen en sociedad. Más recientemente, Parsons elaboró una teoría analítica que sugería que un sistema social, considerado como un sistema de roles, existía únicamente en la medida en que había un acuerdo sobre las formas de comportamiento que se esperaban de cada rol. Según esto, se otorga gran importancia a los elementos normativos de la acción social: es decir, a la conformidad con las reglas, los valores y las expectativas de los demás; y dicha importancia se relaciona a su vez con el criterio funcionalista de que cada sistema de acción contribuye positivamente al mantenimiento del sistema social en su conjunto.

Los sociólogos que asumen esta postura tienden a considerar el conflicto como una fuerza negativa. No niegan su existencia, pero lo consideran una alteración del funcionamiento normal del sistema social. Es decir, es anormal y, por regla general, también transitorio, ya que en un sistema social existen fuerzas inamovibles que tienden a restaurar el equilibrio, a devolver al sistema a un estado de equilibrio y estabilidad.

La otra gran tradición sociológica es la que considera el conflicto, no como algo anormal y transitorio, sino como permanente e incluso necesario. Su origen es también muy antiguo, pudiéndose remontar quizás a Aristóteles y, sin duda, a Hobbes,[10] Hegel y Marx; y entre sus más recientes exponentes está el sociólogo alemán Dahrendorf.[11] Según este criterio, la existencia de la escasez es suficiente por sí misma para garantizar la presencia de conflictos, ya que las personas pertenecientes a cualquier grupo tratan, por todos los medios, de incrementar su parte de los recursos escasos, a expensas de los demás si es necesario. Si entre dichos recursos escasos incluimos el mando, el poder y el prestigio, entonces las ocasiones para que surjan conflictos se incrementan. Por ejemplo, el poder se denomina un concepto de «suma - cero»; si A tiene poder sobre B, C y D, entonces puede pensarse que A tiene una cantidad positiva de poder, mientras que B, C y D poseen cantidades negativas, ya que lejos de detentar el poder, son sus objetos. Por tanto, la suma del poder de todos los miembros es cero. En toda sociedad que para sobrevivir se base en el esfuerzo cooperativo, se precisa una jefatura, alguien que dirija su funcionamiento; y esto lleva a que las personas se dividan entre las que tienen poder y aquellas cuyo poder es negativo, lo cual supone la aparición de conflictos entre ambos.

Los conflictos pueden asumir múltiples formas. El término es muy amplio e incluye la discusión, el regateo, la rivalidad y la lucha institucionalmente controlada al mismo nivel que la violencia directa. No obstante, por debajo de las formas menores de resolver las disputas subyace la posibilidad de la agresión en forma de violencia física; es decir, la coerción. Por consiguiente, los sociólogos que mantienen este punto de vista, ven en la coerción, más que en el consenso, la raíz última del orden social.

Además, el conflicto se encuentra estrechamente ligado al cambio. Si la sociedad representa un equilibrio de fuerzas, este equilibrio puede cambiar. Cuando dos personas o dos grupos están enfrentados, una solución posible consiste en que uno gane y el otro pierda; y entonces el vencedor procede a hacer su voluntad, a ejercitar su albedrío a pesar de las objeciones del otro, y a transformar el estado de cosas en beneficio propio. Sin embargo, otra posible solución al conflicto consiste en que ambas partes puedan salir mejor libradas. En tercer lugar, un conflicto puede solucionarse con perjuicio para ambas partes.

Queda una cuarta posibilidad: que el conflicto desemboque en un punto muerto o paralización; es decir, que no se produzca ningún cambio. En este caso se suele hablar de tensión más que de conflicto.

¿Para qué sirve el conflicto? ¿Qué representa para los individuos, para los grupos y para las sociedades? ¿Cuales son sus funciones positivas o integradoras?. Según Coser, el conflicto delimita los grupos y clarifica sus fronteras: es decir, especifica el lugar en que se encuentra cada uno. Unifica los grupos proporcionando a sus miembros un interés común en la supervivencia y victoria del grupo. El conflicto proporciona a los grupos coherencia, organización y dirección. Además, obliga a cada facción antagónica a interesarse por la coherencia, la organización y la dirección del contrario, ya que resulta mucho más fácil negociar con un grupo que cuenta con un líder en el cual se pueda confiar para mantener el grupo en orden y respetar cualquier acuerdo que se logre. Por otro lado, el conflicto «evita la osificación del sistema social al ejercer presiones a favor de la innovación y la creatividad».

Coser puntualiza que en cualquier sistema social los conflictos son menos destructivos cuando son muy numerosos y cuando no coinciden sus líneas de desintegración u oposición; es decir, cuando existen múltiples conflictos transversales. En este tipo de sociedad, A y B pueden entrar en conflicto en una cuestión determinada, pero A tendrá mucho cuidado de no perjudicar a B más de lo necesario, ya que A y B son aliados en un segundo conflicto contra C.

- Una visión de Gestión

A los efectos de esta investigación lo más importante, quizás, sea que el conflicto[12]implica posiciones antagónicas y oposición de intereses, lo que une la teoría del conflicto con la teoría de los intereses.

Existen muchas definiciones, empero, para efectos de nuestra explicación tomaremos la que nos presenta Stephen Robbins[13]por ser una definición amplia y a la vez bastante clara para quien se inicia en el estudio del conflicto.

Antes de continuar con nuestra explicación, es necesario recalcar que todo conflicto implica necesariamente dos o más personas o grupos que interactúan, es decir, que tienen una relación de doble sentido, donde A se comunica con B, y viceversa.

Otro aspecto que también es importante destacar es que toda relación entre dos personas, entre una persona y un grupo o entre grupos, implica necesariamente un proceso de comunicación, que como veremos posteriormente, puede ser verbal, escrito y sobre todo corporal. En este proceso donde interactúan dos o más partes, es donde se produce el conflicto.

    Conflictos funcionales y disfuncionales en gestión

La teoría moderna de los conflictos sostiene que éstos no son ni buenos ni malos en sí, sino que son sus efectos o consecuencias los que determinan que un conflicto sea bueno o sea malo.

  Conflictos Funcionales[14]

Pertenecen a este grupo, los conflictos que posibilitan un medio para ventilar problemas y liberar tensiones, fomentan un entorno de evaluación de uno mismo y de cambio.[15]

I.L. Janis, en una investigación realizada con seis decisiones tomadas durante cuatro gobiernos de los Estados Unidos, observó que el conflicto reducía la posibilidad de que la mentalidad del grupo dominara las decisiones políticas. Encontró que el conformismo de los asesores presidenciales estaba relacionado con malas decisiones. Por el contrario, un "ambiente de conflicto constructivo y pensamiento crítico estaban relacionados con decisiones bien tomadas".[16]

Conflictos Disfuncionales[17]

Contrario a lo anterior, existen conflictos que tensionan las relaciones de las partes a tal nivel que pueden afectarlas severamente limitando o impidiendo una relación armoniosa en el futuro. Generan stress, descontento, desconfianza, frustración, temores, deseos de agresión, etc., todo lo cual afecta el equilibrio emocional y físico de las personas, reduciendo su capacidad creativa, y en general, su productividad y eficacia personal. Si este tipo de conflictos afecta a un grupo le genera efectos nocivos que pueden llegar, incluso a su autodestrucción.

Como es fácil concluir, los conflictos disfuncionales o negativos, constituyen el campo de acción del conciliador.

De todo lo anterior, podemos reiterar que los conflictos se distinguen entre sí, fundamentalmente, por sus efectos y consecuencias, los cuales determinan que un conflicto sea bueno o malo, funcional o disfuncional, positivo o negativo.

- Concepciones del conflicto.

Desde que el conflicto fue objeto de estudio sistémico y materia de investigación para analizar sus causas y su naturaleza, y fundamentalmente, sus formas de resolución, hasta llegar al momento actual, se han dado tres corrientes o enfoques: el tradicional[18]el de relaciones humanas[19]y el interactivo.[20]

- Elementos y Principios de un conflicto.

 De todo lo expuesto hasta este momento, podemos resumir los elementos y principios clave de un conflicto, de la siguiente forma[21]

Elementos:

1.- LAS PARTES: pueden ser dos o más.

2.- OPOSICIÓN DE INTERESES: Las partes no ceden.

3.- Choque de derechos o pretensiones.

Principios Clave:

1.- El conflicto no es positivo ni negativo.

2.- Es parte natural de la vida.

3.- Nos afecta a todos.

4.- Entender y analizarlo ayuda a resolverlo en forma efectiva y productiva.

    Teoría y aplicación [22]

La Teoría del conflicto es como genéricamente se denomina a una serie de estudios e investigaciones diversos, no sistematizados, y específicos sobre el conflicto social, en general desarrollados a partir de la década del 1950. La teoría del conflicto está íntimamente vinculada a la teoría de los juegos y a los estudios y escuelas sobre negociación.

Si bien la reflexión sobre "la guerra y la paz" ha sido una preocupación clásica del pensamiento humano, y desde antiguo, pensadores vinculados a la problemática del conflicto militar, la guerra, y más recientemente a la problemática de las revoluciones y el conflicto laboral, movimientos sociales, han estudiado con cierta profundidad las manifestaciones del conflicto social, a partir de la década de 1950 comienzan a aparecer una serie muy específica de estudios y teorías centrados en el conflicto social, como fenómeno genérico, más allá de sus manifestaciones específicas.

La principal implicancia de la teoría del conflicto es el reconocimiento de la "funcionalidad" del conflicto. Si bien con anterioridad habían existido pensamientos de justificación moral del conflicto, como las de la guerra santa (cristianismo e Islam), la guerra justa (Vitoria), el derecho a la rebelión (Locke), la lucha de clases (Marx), es recién a partir de la teoría del conflicto que este último comienza a ser visto como una relación social con funciones positivas para la sociedad humana, en tanto y en cuanto se puedan mantener bajo control sus potencialidades destructivas y desintegradoras.

Antes de la aparición de la Teoría del Conflicto, el conflicto era visto básicamente como una patología social, o, en todo caso, el síntoma de una patología social. La sociedad perfecta era vista como una sociedad sin conflictos y todas las utopías sociales sostenían la necesidad de constituir un modelo de sociedad sin conflictos, de pura cooperación.

La Teoría del Conflicto replantea la valoración negativa tradicional y considera al conflicto social como un mecanismo de innovación y cambio social, en concordancia con las teorías de Asch y Moscovici. En sintonía con esa corriente, el educador norteamericano John Dewey expresaba que "el conflicto es el tábano del pensamiento".

La aparición de la teoría del conflicto debe ser históricamente entendida a la luz de la bomba atómica (1945) y la transformación radical de la lógica del conflicto que ella trajo aparejada. La invención de la bomba atómica modificó completamente la dinámica del conflicto a raíz de la posibilidad de exterminio de la especie humana. El reciente Premio Nóbel de Economía 2005, Thomas Schelling, fundó su obra en el análisis del comportamiento de los antagonistas en una guerra nuclear.

De la confluencia entre la teoría del conflicto y la teoría de los juegos ha derivado una rica distinción entre juegos de suma cero (puro conflicto), juegos de suma positiva (pura cooperación), y juegos mixtos (de cooperación y conflicto). Éstos últimos son los que abren el espacio a la negociación.

En la vida real es prácticamente improbable que se presente una dinámica social que se comporte únicamente como juego de suma cero (conflicto puro) o juego de suma positiva (pura cooperación). Siempre existen aspectos abiertos a la negociación, tanto en las situaciones más conflictivas como en las más pacíficas.

Pero se ha dicho que lo que si existe en la vida real, son mentalidades que consideran los conflictos como de suma cero o de suma positiva. En el primer caso, el conflicto tiene una alta probabilidad de terminar en tragedia. En el segundo caso el conflicto tiene una alta probabilidad de terminar en explotación.

    Conclusiones

Los estudiosos clásicos del conflicto, desde Tucídedes y Sun Tzu, hasta Maquiavelo, Marx y Von Clausevitz, se enfocaron en un aspecto específico del conflicto: el poder.

A partir de la bomba atómica (1945) y la teoría de la disuasión, se abrió el camino para teorías más complejas, como la teoría sobre "toma de decisiones" y la "teoría de los juegos". Ambas se originaron en la idea de la escuela clásica del siglo XX sobre el actor racional. El modelo del actor racional fue desarrollado por economistas para explicar el comportamiento económico humano. Presupone que la gente hace elecciones y decisiones basado en bases racionales sobre elecciones informadas y sopesando oportunidades. ganar- perder

Thomas Schelling, Premio Nóbel 2005, tomó este modelo para desarrollar una sofisticada teoría del juego, que incluye comunicación, negociación, información, e introduce la importancia de la irracionalidad del pensamiento estratégico.

    Bibliografía

CARR W. Kemmis B., "Ciencia social crítica", 1986

HABERMAS, J. Between Facts and Norms. Contributions to a Discourse Theory of Law and Democracy. Oxford: Polity Press, 1996.

HABERMAS J. "La lógica de las ciencias sociales" . edt Tecnos, 1971

JANIS, I. L., Victims of Groupthinks, citado por Robbins, p. 471

ROBBINS, Stephen., P, Comportamiento Organizacional, Conceptos, Controversias y Aplicaciones, Cap XIII, p. 461, Prentice Hall, sexta edición, 1994

http://www.monografias.com/trabajos4/epistemologia/epistemologia.shtml. Carlos M.. Ruiz P., FEB 2009

http://www.gestiopolis.com/recursos4/docs/ger/tenegouno.htm, FEB2009





Autor:

Enrique Area Sacristán

Doctor por la Universidad de Salamanca. Comandante de Infantería. Escuela de Guerra del Ejército de Tierra. Departamento de Estrategia y Organización



[1] Extractado de http://www.monografias.com/trabajos4/epistemologia/epistemologia.shtml. Carlos M.. Ruiz P., FEB 2009

[2] Habermas J. "La lógica de las ciencias sociales” . edt Tecnos, 1971

[3] El control ha sido definido bajo dos grandes perspectivas, una perspectiva limitada y una perspectiva amplia. Desde la perspectiva limitada, el control se concibe como la verificación a posteriori de los resultados conseguidos en el seguimiento de los objetivos planteados y el control de gastos invertido en el proceso realizado por los niveles directivos donde la estandarización en términos cuantitativos, forma parte central de la acción de control. Bajo la perspectiva amplia, el control es concebido como una actividad no sólo a nivel directivo, sino de todos los niveles y miembros de la entidad, orientando a la organización hacia el cumplimiento de los objetivos propuestos bajo mecanismos de medición cualitativos y cuantitativos. Este enfoque hace énfasis en los factores sociales y culturales presentes en el contexto institucional ya que parte del principio que es el propio comportamiento individual quien define en última instancia la eficacia de los métodos de control elegidos en la dinámica de gestión. Todo esto lleva a pensar que el control es un mecanismo que permite corregir desviaciones a través de indicadores cualitativos y cuantitativos dentro de un contexto social amplio, a fin de lograr el cumplimiento de los objetivos claves para el éxito organizacional, es decir, el control se entiende no como un proceso netamente técnico de seguimiento, sino también como un proceso informal donde se evalúan factores culturales, organizativos, humanos y grupales.

[4] Para entender mejor lo que aquí se plantea es menester revisar el término "estructuralismo" que da origen a la evolución semiótica, puesto que, desde un principio es una concepción cientifizada; desde que se tiene conciencia de la peculariedad del lenguaje, especialmente el poético. Respecto de éste, Mukarovsky dice: Por lo que se refiere a la aparición estructural de la literatura hay que agradecer sobre todo a la preocupación científica de los checos que se haya convertido en un sistema coherente (…). Las raíces del estructuralismo científico-literario checo se remontan con frecuencia a un pasado bastante lejano, en especial en lo que afecta a la investigación del lenguaje poético. http://www.monografias.com/trabajos15/todorov/todorov.shtml

[5] Carr W. Kemmis B., “Ciencia social crítica”, 1986

[6] Consiste en no admitir como validos científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia. Por su lado negativo, el positivismo es negación de todo ideal, de los principios absolutos y necesarios de la razón, es decir, de la metafísica. El positivismo es una mutilación de la inteligencia humana, que hace posible, no sólo, la metafísica, sino la ciencia misma. Esta, sin los principios ideales, queda reducida a una nomenclatura de hechos, y la ciencia es una colección de experiencias, sino la idea general, la ley que interpreta la experiencia y la traspasa. Considerado como sistema religioso, el positivismo es el culto de la humanidad como ser total y simple o singular.

[7] Basado en http://www.gestiopolis.com/recursos4/docs/ger/tenegouno.htm

[8] (1902-79) Sociólogo estadounidense, nacido en Colorado Springs (Colo.) y fallecido en Munich (Alemania). Obtuvo su graduación en 1924 en el Amherst College (Mass.) y luego en Europa amplió sus estudios en la London School of Economics (1924-25), donde tuvo como profesores a Malinowski y Hobhouse, y en la Universidad de Heidelberg (1925-26), en cuyo centro hizo su tesis doctoral sobre el origen del capitalismo en las obras de Weber. Enseñó luego en varios establecimientos docentes de Estados Unidos y a partir de 1931 se encargó de la cátedra de sociología de Harvard. Según Parsons, un sistema social «es una pluralidad de actores individualizados que se interrelacionan entre sí y que se sienten motivados por la común tendencia a obtener el máximo de satisfacciones, y que se definen en las relaciones con el ámbito físico y social por medio de un común sistema de símbolos culturales». Esta idea, que aparece como eje central en su The Structure of Social Action (La estructura de la acción social, 1937), se amplía al explicar el proceso de socialización del niño a través de un complejo mecanismo de recompensas y castigos regido por la figura dominante del padre. Los críticos de su obra, sobre todo C. Wright-Mills, han dicho de Parsons que en su teoría sólo hace referencia a los rasgos constantes de la sociedad, y que prescinde deliberadamente de las características de algunas sociedades históricas donde son evidentes el peso coercitivo del estado, la manipulación ideológica, la influencia religiosa en las actividades políticas, etc.

[9] (1838-1917) Economista alemán, n. en Heilbronn y m. en Bad Harzburg. Profesor de las universidades de Halle (1865), Estrasburgo (1872) y Berlín (1882), aparece como el más caracterizado representante de la escuela historicista, que adoptó un método histórico-descriptivo y empírico para analizar la economía política. Las implicaciones de su análisis permiten considerarle como reformador social, dentro del grupo de los «socialistas de cátedra». Fundó la Asociación de Política Social (1872), escribió la famosa Grundriss der allgemeinen Volkswirtschaftslehre (Principios de teoría económica general, 1900), entre otros notables tratados de economía, y desde 1881 dirigió el Jahrbuch für Gesetzgebung, Verwaltung und Volkwirtschaft (Anuario de legislacion, administración y economía). En 1887 ingresó en la Academia de Ciencias.

[10] (Westport, Inglaterra, 1588-Hardwick Hall, id., 1679) Filósofo inglés. Hijo de un eclesiástico, quedó a cargo de su tío cuando aquél abandonó a su familia, tras participar en una pelea en la puerta de su iglesia. Estudió en el Magdalen Hall de Oxford, y en 1608 entró al servicio de la familia Cavendish como preceptor de uno de sus hijos, a quien acompañó en sus viajes por Francia e Italia entre 1608 y 1610. A la muerte de su alumno, en 1628, regresó de nuevo a Francia para entrar al servicio de Gervase Clifton. En dicho país permaneció hasta 1631, cuando los Cavendish lo solicitaron de nuevo, como preceptor de otro de sus hijos. En 1634, acompañando a su nuevo alumno, realizó otro viaje al continente, ocasión que aprovechó para entrevistarse con Galileo y otros pensadores y científicos de la época. En 1637 volvió a Inglaterra, pero el mal ambiente político, que anunciaba ya la guerra civil, lo llevó a abandonar su patria e instalarse en París en 1640. Poco tiempo antes había hecho circular entre sus amigos un ejemplar manuscrito de sus Elementos de la ley natural y política, de los que, en forma de dos tratados distintos, se editaron dos partes en 1650. En París comenzó a publicar las distintas partes de su sistema, empezando con el De cive en 1642. En 1651 abandonó Francia y regresó a Inglaterra, llevándose consigo el manuscrito del Leviatán, sin duda la más conocida de sus obras, que se editaría en Londres ese mismo año. En 1655 publicó la primera parte de los Elementos de filosofía y en 1658, la segunda. Estas dos obras completaban la trilogía iniciada con De cive. Tras la restauración de 1660 gozó del favor real, pero las acusaciones de ateísmo que le lanzaron los estamentos eclesiásticos lo llevaron a retirarse de la vida pública. Durante los últimos años de su vida hizo una traducción en verso de la Ilíada y la Odisea, y escribió una autobiografía en versos latinos.

[11] (Hamburgo, 1929) Sociólogo y político alemán. Miembro del Bundestag (1969-1970) y de la Comisión de las Comunidades Europeas (1970-1974), y director de la London School of Economics. Ha intentado reformular las bases de análisis del cambio social y de los conflictos sociales, relacionando desde una postura crítica las teorías marxistas y las teorías estructuralistas y funcionalistas de la sociología estadounidense. Es autor de Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial (1957), Homo sociologicus (1959), Ensayos sobre teoría de la sociedad (1968), El moderno conflicto social (1988), Reflections on the Revolution in Europe (1990), Liberale und Andere (1995).

[12] Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la palabra conflicto procede de la voz latina conflictus que significa lo más recio de un combate. Punto en que aparece incierto el resultado de una pelea. Antagonismo, pugna, oposición, combate. Angustia de ánimo, apuro, situación desgraciada y de difícil salida.

[13] Robbins, Stephen., P, Comportamiento Organizacional, Conceptos, Controversias y Aplicaciones, Cap XIII, p. 461, Prentice Hall, sexta edición, 1994. Para definir el conflicto es necesario tener claro que para que se produzca un conflicto, las partes deben percibirlo, es decir, sentir que sus intereses están siendo afectados o que existe el peligro de que sean afectados. Stephen Robbins define el conflicto, con estas palabras: “Un proceso que se inicia cuando una parte percibe que otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera negativa, alguno de sus intereses”.

[14] Son aquellos conflictos que se presentan y son de intensidad moderada, que mantienen y, sobre todo, mejoran el desempeño de las partes; por ejemplo, si promueven la creatividad, la solución de problemas, la toma de decisiones, la adaptación al cambio, estimulan el trabajo en equipo, fomentan el replanteamiento de metas, etc. Otro ejemplo podría ser cuando en una empresa se decide el otorgamiento de un bono económico a la mejor idea que se presente para resolver un problema específico o para la creación de un lema para el Programa de Calidad de la Empresa. Solo un trabajador o un grupo de trabajadores podrá obtener el bono ofrecido si la propuesta es la más original y representa mejor los objetivos del Programa de Calidad.

[15] Id., p. 471

[16] Janis, I. L., Victims of Groupthinks, citado por Robbins, p. 471

[17] Es cualquier confrontación o interacción entre grupos que perjudica a la organización o impide que ésta alcance sus objetivos. La dirección debe tratar de eliminar conflictos de este tipo.  Un conflicto beneficioso se transforma a menudo en perjudicial. En la mayor parte de los casos es imposible identificar con precisión el momento en que un conflicto funcional se convierte en disfuncional. Un nivel idéntico de tensiones y conflictos, que da lugar a a que un grupo avance en forma saludable y positiva hacia sus objetivos, puede resultar perturbador y disfuncional en otro grupo (o incluso en el mismo grupo en otro momento). La tolerancia de un grupo con respecto a las tensiones y conflictos también puede depender del tipo de organización.

[18] Tuvo vigencia en las décadas de 1930 y 1940. Defendía la idea de que todo conflicto es malo, que es sinónimo de violencia, destrucción e irracionalidad, y que por tanto había que evitarlo, porque afectaba negativamente a las personas, grupos y organizaciones. Para resolverlo o prevenirlo, plantea que sólo hay que atacar sus causas, que según este enfoque son la mala comunicación, la falta de franqueza y de confianza, entre otros. Este enfoque es el que la gran mayoría de nosotros tiene acerca del conflicto. No obstante ya hemos visto que no es así y que existen evidencias demostrables que no siempre el conflicto es negativo.

[19] Este enfoque fue vigente desde fines de la década de 1940 hasta mediados de la década de 1970. Sostiene que su presencia en las relaciones humanas es un proceso natural y que por tanto es inevitable y que debemos aceptarlo como tal. Sin embargo, plantea que no siempre es malo o negativo y que puede ser beneficioso para el desempeño de las personas y los grupos. Significó un avance en el manejo o gestión de conflictos.

[20] El enfoque interactivo acepta el conflicto como algo natural, pero además sostiene que es conveniente fomentarlo. Sostiene “que un grupo armonioso, pacífico, tranquilo y cooperativo, tiende a ser estático, apático y a no responder a las necesidades del cambio y la innovación.”. Recomienda estimular el conflicto en un grado manejable que incentive la creatividad, la reflexión, la forma más eficiente de tomar decisiones, el trabajo en equipo, la disposición al cambio y el establecimiento de metas ambiciosas y alcanzables, contribuyendo a un sentido de logro.

[21] Girard, Kathrin y Koch., Susan. J, Resolución de los conflictos en las Escuelas, Ed. Granica, p. 45., 1997

[22] http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_conflicto


Conflicto I



El conflicto define al conjunto de dos o más hipotéticas situaciones que son excluyentes: esto quiere decir que no pueden darse en forma simultánea. Por lo tanto, cuando surge un conflicto, se produce un enfrentamiento, una pelea, una lucha o una discusión, donde una de las partes intervinientes intenta imponerse a la otra.

Si definimos el término desde un punto de vista simple, podemos decir que un conflicto es una situación en la que dos o más personas no están de acuerdo con el modo de actuar de un individuo o un grupo. Para que esta situación exista es necesario que exista un desacuerdo que no haya sabido resolverse. Por ejemplo: Si de una pareja una de las partes desea ir a un lugar de vacaciones y la otra a un lugar diferente hay desacuerdo, si acceden a charlar y resolver el problema de común acuerdo, entonces el conflicto no se produce, lo contrario, si ninguno da el brazo a torcer, sí.

Para el alemán Ralf Dahrendorf, un conflicto es una situación universal que sólo puede solucionarse a partir de un cambio social. Karl Marx, por su parte, ubicaba al origen del conflicto en la dialéctica del materialismo y en la lucha de clases.

Las teorías existentes sobre el conflicto social permiten entender la necesidad de contar con un cierto orden dentro de la sociedad, cuyos miembros deben integrarse. Para esto deben desarrollarse políticas de consenso e instrumentarse acciones de coerción.

El conflicto puede analizarse a partir de diversas perspectivas a nivel social. En general se lo entiende a través de la moral o la justicia, con consecuencias negativas ya que puede destruir o hasta desintegrar una sociedad. Se puede aceptar, de todas maneras, que el conflicto tenga una función positiva gracias a su dinamismo (promueve el cambio social).

Fuera de la política o de la sociología, podemos entender al conflicto como algo mucho más cotidiano y sin grandes efectos. Una pareja discutiendo por el manejo doméstico del dinero, un alumno enfrentando a su maestra por una mala calificación o dos amigos peleándose por cuestiones futbolísticas estarán viviendo un conflicto.

Existen muchos tipos de conflictos, una forma de clasificarlos es la de: unilaterales y bilaterales. Un conflicto es unilateral cuando sólo una de las partes está en desacuerdo y bilateral cuando todas las partes esperan algo de la otra.

Pongamos el caso de un inquilino que no paga su alquiler. Si simplemente no lo hace porque no tiene el dinero, entonces el conflicto es unilateral pues el problema lo tiene el propietario, pero si no lo hace porque espera que el propietario cumpla con determinado acuerdo, como arreglar la calefacción o una gotera, entonces el conflicto es bilateral porque ambos necesitan algo de la otra parte para sentirse satisfechos.

Para que un conflicto se produzca hace falta que existan causas subyacentes que pueden ser conscientes o inconscientes. En algún lugar o de algún modo tiene que surgir y esas causas pueden ser profundas o superficiales, de acuerdo a dicha importancia el conflicto será más o menos grave. Siempre los conflictos se originan por algo.

Si volvemos al conflicto de inquilino y propietario podemos decir, si las razones del impago son que el dueño debe arreglar algo, entonces las razones son conscientes, si es porque simplemente ha comenzado a olvidar de pagar, puede haber una causa inconsciente que puede haberse originado por razones que a simple vista no existan. Un ejemplo hipotético puede ser: el inquilino se encontró con el propietario en el supermercado y él no lo saludó, lo que le resultó incómodo y hasta molesto. Con el correr del tiempo dejó aquella anécdota en el pasado, hasta que el incidente presentó causas inconscientes de un conflicto, y lo llevó a dejar de pagar su alquiler.

Además, un conflicto puede ser de tipo personal o estructural. Los conflictos personales para desarrollarse necesitan que existan individuos con determinados sentimientos e ideas en juego; mientras que los estructurales son endémicos de circunstancias específicas en un grupo de personas, son conflictos genéricos. De todas formas no es tan simple diferenciarlos pues para que existan conflictos estructurales es necesario que existan individuos que se involucren y creen el problema.

Dentro de un conflicto estructural es necesario que los que intervienen consigan no inmiscuir sus propios sentimientos y/o ideas sino que busquen la resolución del problema a favor del grupo. Esto significa que los elementos en una disputa estructural se establecen previamente. Por ejemplo, si es un conflicto entre dos grupos culturalmente diferentes, debe comprenderse de antemano que no se puede intentar cambiar la naturaleza de la otra parte, ni sus reacciones, de lo contrario se estaría frente a un conflicto que no tendría solución.

Ejemplos donde puede aparecer el término: “El conflicto estalló cuando el jugador se negó a ocupar la posición que le indicó su entrenador”, “El presidente anunció que el conflicto limítrofe ya ha sido solucionado”, “Tengo un conflicto con mi padre porque llegué tarde a casa sin avisar”.



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